De las primeras cosas que aprendemos cuando somos pequeños es el alfabeto. Comunicarnos es vital para el ser humano. Ya sea por medio de la palabra escrita u oral, en ambos casos las letras son imprescindibles.

Obviamente, no vamos a enseñarte el alfabeto a estas alturas. Pero sí os queremos contar su historia. Quizá os resulte interesante para contársela a los peques de la casa y que aprendan algo diferente.

¿Qué es el alfabeto?

También denominado abecedario, es un sistema de escritura que diferencia una lengua por medio de un signo distinto. Su origen está en el año 2.000 a.C., pero no sería hasta un milenio después cuando aparecería la escritura.

Como todos los inventos de la humanidad, el uso de estas figuras surge por una necesidad. En este caso, para representar el lenguaje de los trabajadores semitas y para ello emplearon jeroglíficos egipcios. De estos pictogramas y fotogramas surge la letra moderna. Con el tiempo llega a ser un conjunto de signos gráficos que contienen un valor fonético, que al combinarse forman palabras con un sentido específico.

Evolución del alfabeto

Empieza, como decimos, con los jeroglíficos egipcios. En el año 2.700 a.C., ya se contaba con 22 figuras que representaban las consonantes. Para las vocales solo se usaba la colocación delante o detrás de otro símbolo.

Aparece el alfabeto semítico en 1.800 a.C. Incorporaron a la creación de los egipcios otros símbolos hasta llegar a tener 30 signos. Tuvo mucha repercusión por otras culturas.

¡A imprenta!

Del fenicio se obtiene el griego y el arameo, la base del latino y el árabe respectivamente. Se basa en un sistema consonántico llamado “Abjad”, que según la posición del signo indican una vocal. Esos añadidos al principio eran palos. Gracias a los mercaderes se extendió por muchas culturas.

El griego llega en el S.VIII y VII a.C. completando el alfabeto fenicio asignando a cada vocal y a cada consonante un símbolo diferente. Aquí se empezaron a crear nomenclaturas para diferentes ciencias como la matemática, la astronomía o la lógica, por ejemplo. Y con el tiempo empezaron a escribir de izquierda a derecha.

El alfabeto romano o latino se forjó en el S. IV a. C. por la relación con los griegos occidentales. Se tomaron la libertad de rediseñar algunas letras como la F, S, G y K, llegando a consolidar 23 letras en mayúsculas, ya que denotaba mayor disciplina. Pero tanto la cursiva como las minúsculas fueron entrando en el juego con la escritura en papel.

¿Qué sería de la historia sin la imprenta? Fue igual de importante crear ese alfabeto que plasmarlo sobre un papel. Todo lo escrito hasta la fecha era a mano, ¡Menudo trabajo! Pero ahora, con la imprenta se harían mayores copias de libros o documentos en múltiples estilos. Además, se fueron implementando una serie de normas, como para el uso de mayúsculas o minúsculas, así como la Ñ, que se fueron unificando su uso.

Y así llegamos hasta el día de hoy, donde vosotros estáis leyendo esto y entendiéndolo todo sin pensar en ello. Una gran historia que ha dado vida al creador de las mejores historias: el alfabeto. ¿Conocéis su origen? Curioso, ¿verdad?